Consulting stories #1

Finales de Julio del 2008:

Vestidos con sus flamantes trajes y corbatas entraron en la sala. Estaban completamente convencidos de que iban a ganar porque eran los mejores. Habían redactado la propuesta en un tiempo record y sabían que la empresa confiaba en ellos, así que tenían medio camino hecho.

Se sentaron. Abrieron el dossier. Expusieron su propuesta. Discutieron un par de términos que no estaban claros. Cerraron sus cuadernos. Firmaron y la fecha límite para finalizar el proyecto se fijó para mediados de diciembre.

Es lo que tiene la consultoria, propones ideas y soluciones sobre temas de los que no tienes ni idea. La propuesta tiene que estar para ayer, ¿pero cómo hacerla si no tienes ni puta idea de lo que estás hablando y no tienes tiempo para documentarte? Tú suelta y vende, luego ya se arreglará.

Mediadios de Noviembre del 2008:

Llevaba dos meses trabajando en el nuevo proyecto y habían llegado a un punto en el que no sabían cómo seguir. ¿Cual era el problema? El concepto. ¿Qué pasa cuando un cliente te firma una propuesta y resulta que la propuesta está mal formulada y en realidad no tiene sentido?

Pues que hay que arreglarlo como sea. Apañando las explicaciones, dando rodeos justificando lo injustificable, etc. ¿Y quién lo hace? ¿El qué hizo la propuesta? Evidentemente no. El que hizo la propuesta está, probablemente, redactando otra encerrona para los pobres consultores/analistas/programadores/navajaSuizaParaLoQueSea que están unos escalones más abajo en la pirámide empresarial.

Y si, compañer@s, en este campo también la Ley de la Gravedad que postuló Isaac Newton está presente. Que qué quiero decir con esto, pues muy fácil: ¿adivinais hacia dónde va la mierda?

Firmado: uno que se dejó el paraguas en casa.

2 comentarios para “Consulting stories #1”

  1. Pues esperemos que el chubasquero no te lo hayas dejado…
    Bicos!!!!

  2. La ley de Newton… Hay muchas versiones de dicha ley y de la técnica del ventilador (mierda para todos), pero la gente se olvida de que la mierda sirve como abono para que las plantas (las ideas en este caso) nazcan y se desarrollen fuertes y vivaces.
    Aprovecha el chaparrón, que de lo perdido siempre se aprende algo. La moral, alta, que no se diga, chaval.
    Un “abá” grande, campeón.

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