Frase #9
Leído en el libro Al sur de la frontera, al oeste del Sol de Haruki Murakami:
Nuestras manos permanecieron unidas como mucho diez segundos, pero a mi me parecieron treinta minutos. Y cuando me soltó, deseé que el contacto no se hubiera interrumpido. Yo lo sabía, sabía que ella me había cogido la mano de una manera espontánea, pero que, en realidad, lo había hecho porque deseaba hacerlo. Aún hoy recuerdo el tacto de su mano aquel día. Es un tacto diferente a cualquier otro que haya experimentado después. Era simplemente la mano pequeña y cálida de una niña de doce años. Pero en aquellos cinco dedos y en aquella palma se concentraban, como en un catálogo, todas las cosas que yo quería saber, todas las cosas que tenía que saber. Y ella, al tomarme de la mano, me las enseñó. Me enseñó que en el mundo real existía un lugar como aquel. Durante diez segundos tuve la sensación de haberme convertido en un pajarillo perfecto. Surcaba el aire, sentía el viento. Desde las alturas, podía ver paisajes lejanos. Tan remotos que no era capaz de vislumbrar con claridad lo que había. Pero supe que existían. Y que algún día iba a visitarlos. Esa certeza me dejó sin aliento, me hizo estremecer.
¿Y por qué me ha gustado? Porque me ha recordado a un cuento que tenía preparado. Una amiga me había animado ayudado a darle forma y a prepararlo. Pero no hubo oportunidad de contarlo y está ahí, en los recuerdos. Esperando el momento para que tenga sentido…
…y en los restos de té, pude ver paisajes que nunca había visto y que sin embargo conocía a la perfección… de tantas historias que le había relatado y tantas veces había escuchado embobado deseando que no terminara nunca…