Hace algún tiempo me pasó una cosa curiosa. Era por la tarde e iba andando por la calle del Principe, en Vigo. Creo recordar que había quedado con alguien, que me estaban esperando y que tenía un poco de prisa. De repente, una señora de unos 40 años me paró y me dijo: “Necesito hablar con alguien, ¿tienes un momento? Te invito a un café.”. La pregunta me pilló un tanto descolocado y le dije que no, que tenía prisa y que lo sentía.
Hoy me he acordado de esto y pensé dos cosas. La primera, que a lo mejor era la típica cámara oculta que luego sacan en la tele haciendo una estadística de lo solidaria que es la juventud… y la segunda, que quizá debería haber aceptado y tomado un café con ella. ¿Os imagináis la situación en la que estaría la mujer para llegar a pedirle a un desconocido que la escuchara?
Este recuerdo me hizo pensar en lo duro que es reconocer que estás mal y pedir ayuda. Pero también me llevó a pensar en lo contrario, ¿cómo se sentirá una persona que viendo que alguien está mal no puede hacer nada para ayudarla porque esta no se deja? Frustrada o por lo menos así me he sentido yo cuando me he visto en esta situación.
También sé que es muy probable que yo haya generado esta sensación a alguien por mi hermetismo, pero hay cosas que no se pueden evitar.
Y pensarás, ¿a qué viene todo esto? Soy consciente de que no he llegado a ninguna conclusión, simplemente he expuesto una historia y hecho un par de comentarios sobre ella sin llegar a nada. Realmente no era mi intención llegar a ningún lado, sólo quería escribir algo y ver hasta donde llegaba.
Gracias por leerme.



lémbraste da súa cara?
se te cruzases hoxe con ela, invitaríaslle ti ao café?
Pois non me lembro, non. Pero aínda que me lembrara non creo que lle dixera.
pois molaría moito se contestases a todo que si
A lo mejor no necesitaba ayuda, te quería vender algo, timar o presentarte a su hija